| Por MIGUEL ÁNGEL LORDÁN
LOARRE.- “¿Puedes venir mañana a las ocho?” –pregunta
Aurora, del equipo de producción-
“rodaremos en Loarre por la tarde y tenemos que ir caracterizando y
vistiendo a todos los que vengáis... además seréis muchos, cerca de un
centenar”. Y así, con una llamada de teléfono móvil comienza la
aventura del mundo del cine en el número uno de la calle del Valle en
los diseminados del pueblo de Loarre.

Pablo Aragüés acompañado del inglés
Biff Byfford
Unos minutos después llama Fernando:
“Hola, Miguel Ángel, ¿podrías traerte al
rodaje a algún amigo más?” Unas llamadas más tarde y entre todo el
estrés social que llevamos en esta vida moderna se apuntan a la aventura
Antonio de Bujaraloz,
Joaquín de Binéfar y su hijo pequeño
Guillermo, que aunque viene de
acompañante no sabe que aquí todo el que llega a “la nave” tiene su
papel.
Tras el madrugón de fin de semana –sarna con gusto no pica- llegamos
todos a Loarre. Hoy el día ha salido con algo de niebla alta y las
vistas del Castillo son espectaculares, pero antes de ir a la fortaleza
hay que pasar por la "nave nodriza". Los coches están aparcados en la
era y dentro, el equipo técnico de Perceval con su ya peculiar
familiaridad –llevan dos semanas de rodaje-, en su hervidero de "walkis",
móviles, pinganillos, portátiles, ropas, garrafas de sangre...
“Buenos días, estos son los nuevos”- les digo-. A lo que alguien
del equipo añade: “¿Ya están aquí?”. Y es que ayer se terminó de
rodar un poco menos tarde, no porque se hiciese todo lo previsto, sino
porque se estropeó la cámara y por suerte en doce horas llegó otra desde
Londres, y entre la amargura y la ilusión, durante la noche se celebró
un pequeño respiro laboral junto a la chimenea de la nave.
Mientras las escobas acaban de pulir afanosamente el suelo del almacén,
el personal de catering, coordinados por Irene,
se arrancan con un: “¿queréis algo caliente?” -poniendo en la
mesa los termos de leche y café-. La chimenea del hogar empieza a sacar
humo y Alex y
David van alineando los chorizos en la parrilla de salida.
En el otro rincón del hogar Maite
recoge restos de las cenizas del día anterior para luego mezclarlos con
agua y utilizarlos para manchar la cara y las uñas de todo el que tenga
que salir delante de la cámara.
Aparecen las primeras listas del día –las trae
Aurora- y según parece hoy me toca ser romano y a mis otros
tres amigos les tocará ganar la batalla, ellos harán de bárbaros junto
con Michel el belga y el francés
Antoine, que hoy se quitarán el cordel
de color y la tarjetita para caracterizarse con el resto de extras.
María se apunta a distribuir al
personal y se arranca con alguno de sus: “¡Figuración! ¡Escuchadme
por favor!” Y manda a los bárbaros a la sección de vestuario donde
Rosa y
Cristina empiezan a hacer maravillas con las pieles, las
telas y sus famosos imperdibles. El pequeño
Guillermo ha venido en chándal y con sus zapatillas de
deporte, así que además del traje habrá que disimular sus bambas con
unos trozos de tela a modo de venda. Y mientras maquillan a
Joaquín, tiempo no le ha faltado al
“zagaler” de Binéfar para meterse en su papel jugando con algún puñal de
los que ha traído Adolfo desde
Burgos, quien gentilmente le ofrece un lamparazo de su bota al de
Bujaraloz.
Luis llega a la nave con su
pinganillo en la oreja y la cámara de fotos en la mano, y le pasa a
Iris y su equipo de maquillaje a
Rafael y
David, dos romanos de Zaragoza que pertenecen a un grupo de
recreación medieval, que vienen con sus trajes y complementos tal y como
hicieron el otro día los amigos de Logroño en el rodaje de la
peregrinación a San Juan de la Peña. Borja
aparece también en la nave con el "walki" en la mano, y al instante lo
hacen también Rebeca y
Sara, según se oye ya hay gente por
arriba por el castillo preparando el set de rodaje con
Adriano,
Luis y el noruego Karl.

Los extras hacían de peregrinos en el
Monasterio de San Juan de la Peña
Han pasado ya unas dos horas y Guillermo
ya ha hecho amistad con otros dos bárbaros de Zaragoza,
Edgar y
Patxi, que ya vestidos y con sus melenas y barbas dan un poco
de respeto. Patxi está muy metido en
su papel y vive la aventura muy de cerca porque además de ser amigo del
director también hará parte de la banda sonora del corto junto con el
inglés Biff Byfford que interpretará
el papel del Rey Arturo, eso sí, como los demás actores que tienen voz
en esta historia tendrá que aprenderse sus frases en latín ya que el
director de esta aventura de 35 milímetros,
Pablo Aragüés, ha querido hacerlo en esta lengua histórica.
Biff Byfford
interpreta el papel del Rey Arturo
Acabo de entrar de la calle, estaba con
Jesús, un funcionario de Zaragoza-, embadurnándome la ropa
romana en la tierra de la parcela que hay junto a la nave; aunque lo de
los bárbaros va a ser más salvaje, para ellos han preparado un cubo con
barro para mancharles las pieles y sus harapos. Debemos ser los últimos
romanos por maquillar así que nos dejamos "torturar" en las dos sillas
que quedan vacías, las de Iris y
Laura que primero nos ensucian cara y
brazos con las cenizas y luego nos hacen alguna cicatriz a base de
pegamento, café de sobe y retoques de pincel salpicados de una sangre
pegajosa que circula en garrafas de veinte litros y que elaboran a base
de colorante, agua y miel. Y para terminar el retoque final a base de un
sarro artificial para manchar los dientes. Ya estamos listos para
esperar otra vez.

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Flases y móviles
amenizan las siguientes horas hasta que la mesa esta servida; hoy toca
ensalada de pasta y los anunciados chorizos a la brasa.
“¡Qué bueno
comer con estas pintas!” - dice Joaquín-
“A ver cómo le digo yo ahora a mi hijo que luego no se ensucie la ropa”.
Hace poco ha llegado también Pablo,
quien da las últimas instrucciones a su equipo de cómo irá el rodaje de
hoy. El personal de maquillaje da los penúltimos retoques a los
figurantes y entre tanto se llevan algún bocado para ir adelantando
faena.
El equipo técnico ya está listo y se sube al castillo en los primeros
coches; un ratillo después lo haremos el resto en las furgonetas y
coches de producción. Guillermo deja
ya en el suelo al gato que hay en el almacén y que está pasando de mano
en mano durante todo el día. Joaquín
llama a su mujer para decirle que se lo están pasando muy bien y que
como no sabe a qué hora terminará el rodaje -que todavía no ha empezado-
que cuente con abrir ella el bar. Antonio
por su parte está contándole a los de Huesca que toca en la rondalla de
la jota de su pueblo, y yo, cámara en mano sigo con el reportaje
fotográfico para luego subir las fotos a mi web.Ha pasado una hora más, son las cuatro de la tarde y por fin pisamos el
viejo aparcamiento del Castillo de Loarre. Ahora es
Marta la que nos pone firmes con un:
“¡Figuración! ¡Escuchadme un momento! ¡No lo voy a volver a repetir
más veces!” Y nos sitúa frente al camión de
Iker para repartirnos cascos y armas. Los romanos
vestiremos corazas de los extras de la película “Gladiator” y los
bárbaros gorros de piel y cuero de la película “Conan el bárbaro”.
“¡Cuidad el atrezzo por favor!” –nos dicen-.
HACIA EL SET DE RODAJE

Miguel Ángel y Antonio amenizando el descanso del rodaje.
Cuatro extras van al set a grabar la primer escena, el resto se queda
frente al castillo en improvisadas sesiones fotográficas para entretener
la espera. Y al final, a eso de las cinco se oye por el "walki" de
Borja: “¡Bajad la figuración, ¡Ya!”
Así que en fila de a uno discurrimos todo el grupo hacia el set de
rodaje en la parte sur de la muralla donde el equipo de arte asistido
por Luis Sorando ha hecho un trabajo espectacular. Flechas,
cadáveres, sangre, sacos, balas de paja... y el equipo de efectos
especiales que está al cargo del fuego y el humo en la puerta destrozada
del castillo. Cámara, vídeo, fotografía, sonido, "make in off",
ayudantes de ayudantes, ayudantes de los ayudantes de los ayudantes,
todos con pinganillos y "walkis". Pablo
con su gorro de orejeras, Karl con
su visera, controles de iluminación, maquillaje, vestuario,
producción... todos otra vez juntos a gritos de
“¡Silencio por
favor!”.
Finalmente romanos al suelo, sangre a granel, ensayo, acción, sonido y
“¡Cut!. ¡Repetimos, volvemos a primera! Lo estáis haciendo muy bien.”
Más retoques de maquillaje, nuevas instrucciones, más:
“¡Silencio por
favor!” Y otra vez a empezar hasta que al fin convence la toma.
Luego salimos del set, cambio de ángulo de la cámara, otra de:
“¡Recordamos posiciones!" Más maquillaje, retoques de vestuario,
cambio de orientación de paneles y focos y otra vez romanos al suelo...

Los extras esperan en el interior del
Castillo el momento de su aparición.
Cae la noche y hay que recoger, por suerte hoy la toma ha sido buena,
hemos grabado 30 segundos del corto. “¡Muchas gracias! Por hoy los
extras han terminado aunque habrá más escenas los próximos días y os
volveremos a llamar” –recuerdan las voces de producción-.
Parte del equipo se traslada al castillo donde hay previsto grabar más
escenas con Perceval -Iván Hermes- y
el Mago Merlín - José María Carrillo-,
pero en esta ocasión no hace falta figuración. Según nos comentan, la de
hoy será una noche larga, hay que recuperar tiempo y es posible que se
hagan las cinco de la madrugada. La gente de figuración emprende el
viaje en furgoneta hasta la nave, donde a base de toallitas
desmaquilladoras expirará esta pequeña aventura. Por suerte, abajo en la
nave está ya Irene otra vez con un
buen platito de lentejas calientes. La vida del artista... siempre igual
de dura.
Más de cien kilómetros después espera merecidamente la cama. Y mañana,
Antonio regresará a su trabajo con
las fotos más impresionantes de su cámara digital y se pondrá una como
fondo de escritorio en su ordenador. Joaquín
se ampliará alguna foto para ponerla enmarcada en el bar; y
Miguel Ángel escribirá su crónica para
El rincón de los famosos y
Diario del AltoAragón. ¡Ah! Perdón,
me olvidaba de nuestro pequeño Guillermo,
él irá al cole y explicará a sus amigos el porqué no fue al partido:
“He estado haciendo de bárbaro en una película... y llevaba una espada
con mi padre y había mucha sangre...” Suponemos que le costará lo
suyo convencer a sus amigos de que eso es cierto y que no lo ha soñado;
pero quién sabe, quizá dentro de unos años la que ha sido hoy una
experiencia inolvidable para Guillermo
podría llegar a convertirse en algo tan rutinario para él como la
secuencia: “Luces. Cámara. Acción”.

El pequeño Guillermo disfrutó en el
rodaje
Más FOTOS del rodaje de "Perceval"
Crónica en Cadena Dial Binéfar
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