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Vuelvo a Aragón, con el afecto y agrado del que se siente un poco de aquí, para unirme
al homenaje que hoy dedica a uno de sus hijos más ilustres, un hombre singular,
aragonés, que marca un hito en la historia de la ciencia y la cultura española.
De Miguel Servet se ha resaltado sobre todo su heterodoxia, en una lectura apresurada y
superficial, que nos hurta lo mejor de su vida y su legado. Cierto es que fue perseguido
por la Inquisición española y por la mucho más cruenta de Calvino, que finalmente le
causa la muerte, pero reducir su trayectoria a estos tristes episodios es ofenderla y
ofendernos.
Servet es, como Luis Vives, otro hijo de la Corona de Aragón, uno de los españoles
transterrados que se movieron con soltura en la Europa del siglo XVI e hicieron avanzar
el horizonte de su tiempo con la fuerza de su vocación científica, exigente y
comprometida.
Sirvió con dignidad a los grandes de su época: como paje a Carlos V, donde vivió el
ambiente del erasmismo, y como médico acreditado al primado de Francia. Pero su afán
era otro y más alto: el hombre universal del Renacimiento, que domina muchas ciencias
y las reúne en un saber único y fecundo.
Miguel Servet reivindicó la libertad del humanista, que rompe moldes y anuncia
mundos nuevos, no por el gusto irresponsable de transgredir, sino con voluntad de
construir, no para sí mismo, sino para todos.
Las lenguas clásicas, la astronomía, la geografía, las matemáticas, la teología y la
historia, son los sillares de su obra, que con este espíritu fue edificando día a día. Pero la
piedra angular de este soberbio edificio es la medicina, y en concreto el descubrimiento
de la circulación pulmonar de la sangre, por el que ha entrado, por derecho propio, en la
nómina de los grandes científicos de la Humanidad.
La aventura intelectual, el arte de expresar sus conocimientos, y el empeño de vincular
sus trabajos a la realidad de su tiempo y ser útil a sus coetáneos, constituyen el legado
de Miguel Servet, y el ejemplo que hoy tenemos que actualizar y continuar.
La apertura de ese museo, la labor del Instituto de Estudios Sijenenses y la próxima
constitución de la Fundación Miguel Servet, van a ayudar sin duda a la divulgación y
conocimiento de su obra.
Por todo ello felicito a los aragoneses, y en particular a los sijenenses, por esa iniciativa,
a la que deseo el éxito que merece y persiguen sus promotores.
Enhorabuena.
Muchas gracias.
D. FELIPE DE BORBÓN
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